Cuando el dragón despertó, ellos estaban allí, cuando lo del índice Nikkei, cuando la lavadora decidió fugarse a otras latitudes más cálidas, cuando había que comprar vino, en el momento de los abrazos, en los oídos atentos de la noche, en la novela negra, tanto en la cubierta como en la contraportada sin preguntar por qué odio los teléfonos, tomando notas autobiográficas, poniendo sobre la mesa otra servilleta roja, compartiendo sus prótesis con mis prótesis: sus tirantes y mis cinturones, siendo piedra de sol mientras nos ponemos morenos, sin importarles dónde dejo la pitillera o qué cenicero cojo, ocupados en que el vecino realice muchas tonterías y no una sola, con las catorce puertas abiertas que dan a la habitación de invitados, al mar, y porque los poetas podemos ser cursis les quiero en endecasílabo blanco, de colores, por las venas dónde late primero y último los elíseos, los alfonsos vientos...
bienvenido quienquiera que seas, creyente o infiel, bebe del vino dulce de Beocia y olvida
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miércoles, 26 de mayo de 2010
jueves, 12 de febrero de 2009
VIVE TU LOCURA O VIVIRAS LAS LOCURAS DE LOS DEMAS

No hay finales felices (ya lo decía mi abuela, añadiendo ¡rapaz! a final de frase), cuando perdía alguno de sus pañuelos en el único armario. Tampoco hay felicidad en las rupturas, en los atascos vitales, en la extracción de molares y premolares, en la mitad de los días al cabo. Aunque hoy hace sol y ayuda.
Salimos hasta tarde (otra noche en el primer bar a la izquierda), riendo los recuerdos y las erres de algunos nombres. Haciendo justa poética con el mundo en la calle Leganitos. La lanza en astillero, frente a comisaría, gestionando el exhibicionismo púdico del que hacemos gala. Lobo el primero para dar ejemplo. Pero no es de eso, no, que quiero acordarme. Quiero acordarme de una sala repleta de conocidos y por conocer en La Asociación de Escritores y Artistas Españoles (no sé si cabe tanto nombre en tan pobre blog). Y en “Todo sigue así” y en la magia simpática que se derrama por los rincones como un tesoro, sin ocultarse de la vista de nadie.
Fue la noche de presentación y homenaje al libro póstumo de Julio César Navarro. Siempre he creído que póstumo es hermoso nombre de pila y no lo es, en el resto de acepciones. Que se diera calor al libro, a la madre de nuestro poeta. Que a fin de jornada quedaran tan pocos ejemplares (Elisa se fue cargadita), me reconcilia con el género humano. Que Almudena tuviese la delicadeza de hacernos partícipes (la máxima que te gustó, te la he colocado en el título). Que Jesús se ponga nervioso cuando todo ha terminado y no antes, ni durante. Que Sulleiro nos regale y nos regale (máximas como ésa). Que Antonio Rómar ya sepa que Jose Antonio Lobo soy yo…
En fin, todos ellos y Arantxa Uriarte y Paco Sevilla (no coloco más nombres que no caben en las etiquetas), consiguieron/procuramos en voz alta: “por los corzos y por las ciervas del campo, que veléis esta noche y no me dejéis dormir”.
Julio creo que cumplimos con ese deseo, tampoco nosotros hemos dormido gran cosa.
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